Nunca me cansé de esperar al amor, sí de buscarlo

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Hubo un tiempo en mi vida en el que sentía que no tenía sentido la vida si estaba solo, si no tenía una pareja con quien compartirla, así que buscaba por todas partes mi media naranja, a la chica de mis sueños, pero nunca se hizo realidad. Recuerdo que después de mi última relación duradera, estuve poco más de dos años tratando de ligar a quien sea que me encontrara en la calle, en el trabajo, en el transporte público, iba a fiestas para conocer a alguien, pero parecía que tenía una nube de mala suerte sobre mi cabeza que me impedía lograr algo con alguien. Hasta que me cansé de buscar y decidí simplemente esperar pacientemente.

Suena fácil, pero no lo es. Hay días grises en los que la mente se inunda de soledad y los pensamientos de que envejecer sin nadie a tu lado se hacen latentes. La idea de que no eres lo suficientemente bueno para nadie o nadie lo es para ti te hacen dudar, te provocan miedo y la incertidumbre es brutal. Pero cuando empiezas a entender que no tener a una pareja no significa que estás solo y aprendes a disfrutar tu tiempo sin la compañía de una mujer o un hombre, de valorar lo que eso significa o de compartirlo con alguien más, quizá tu familia que la tenías olvidada o con amigos que hace tiempo ya no veías, sabrás que si estás solo, es porque así lo has querido.

Iba al cine solo, salía a caminar por las calles del centro de México, me detenía en las librerías para ver si me encontraba algún título que se robara mi atención, iba a los restaurantes o bares simplemente a tomar o a comer, sin la intención de buscar una chica. Pero con esto no te digo que si decides esperar es no hacer nada, es comenzar a quererte y reconocer una oportunidad cuando se te presente, porque el destino tampoco puede hacerlo todo. Y así fue como me sucedió.

Después de quedarme con un sabor amargo de los cursos de inglés en línea que contraté, decidí inscribirme a uno presencial, fue ahí donde la conocí. Desde el primer día que la vi quedé maravillado con su belleza, al igual que todos los chicos del salón. No quería y no tenía ganas de lidiar con una batalla campal contra mis compañeros, además tenía la idea de que estaba fuera de mi alcance. Durante un receso salí a comprar algo de tomar y a fumar un cigarrillo, me senté en una banca y ella se sentó junto a mí, me pidió encendedor y fumó conmigo. Nada del otro mundo, pensé. Y de pronto comenzamos a platicar, me contó sobre sus gustos, los cuales eran muy parecidos a los míos, sus hobbies, los cuales eran muy diferentes a los míos, y yo le conté un poco sobre mí, tratando de ocultar que dentro de mi cabeza había una guerra. Mi corazón me decía que me animara a invitarla a salir, mi cerebro me decía que no, aún no estábamos listos. La eterna guerra, pero en esta ocasión ganó el corazón. Aceptó. Resulta que si ella no hubiera dado el primer paso, quizá hoy no estuviera planeando una boda. Así que esperar no significa no hacer nada, y buscar no quiere decir obsesionarte por encontrar el amor. Debe haber un equilibrio.